10 ene. 2026

Asunción como cancha neutral

Breve historia de la capital como sede de finales sudamericanas sin equipos paraguayos.

historia fútbol paraguayo

Asunción albergó desde antaño definición de partidos internacionales.

Foto: Alberto Quintana/D10-Última Hora

Por tercera vez desde su creación en 2002 y desde la instauración de la Final Única hace siete temporadas, la Copa Sudamericana se definirá en un estadio de Asunción. Si en 2019 y 2024 había sido la Nueva Olla donde se disputaron las finales del torneo, este sábado por primera vez será el legendario Defensores del Chaco el que albergará la definición entre el argentino Lanús y el brasileño Atlético Mineiro, otra vez entre clubes de ambos países como el año pasado.

Hay sin dudas una relación “especial” —que es criticada en otros países, por un supuesto trato privilegiado hacia Asunción—, entre la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) y la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF), lo que ha llevado a que sea nuestra capital la elegida “de urgencia” para ser sede de esta final continental, pues debía haberse disputado en el estadio Tahuichi Aguilera de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia; pero fue descartada a último momento porque los organizadores locales, según la Conmebol, no reunieron los requisitos mínimos para que el partido se dispute en el oriente boliviano.

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Vista del estadio Defensores del Chaco.

Foto: Prensa APF

VENTAJAS Y LIMITACIONES. Es cierto que la evidente falta de rotación de las sedes redunda no solo en una carencia de diversidad en la supuesta descentralización del fútbol sudamericano, sino en una sospechosa exclusividad de ciertas ciudades en el acceso a los negocios inherentes a este evento masivo, que suelen rondar entre los 40 y 50 millones de dólares.

La Final Única de la Copa Libertadores se jugará por segunda vez en Lima el sábado 27, así como Río de Janeiro recibió otras dos entre las seis disputadas hasta ahora. En la Sudamericana, Córdoba fue anfitriona de dos definiciones, y en Montevideo se jugó una final de cada torneo. La Conmebol tiene una marcada inclinación hacia el cuarteto de la parte baja del continente: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, teniendo a Perú y Ecuador como únicos anfitriones de la parte alta.

También es evidente que la plaza asuncena tiene sus ventajas. Geográficamente, la ubicación de Paraguay facilita el desplazamiento de los hinchas de equipos de Brasil y Argentina, de donde provienen la mayoría de los equipos finalistas tanto de la Libertadores o la Sudamericana.

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Los hinchas de Racing antes de la final de la Copa Sudamericana 2024.

Foto: Captura

Asunción es una de las capitales más baratas del continente para los turistas. Dada la experiencia, especialmente, de los hinchas argentinos (de Colón y Racing) que viajaron hasta Asunción para presenciar los partidos definitorios, la ciudad también ofrece cierta “garantía de hospitalidad”, que puede resumirse en la imagen de los hinchas de Racing copando las calles bajo el tórrido sol de noviembre del año pasado, aliviados los efectos del calor por el agua de las mangueras que los vecinos de Barrio Obrero les arrojaban desde los patios de sus casas.

Sin embargo, también es cierto que la venida de unos treinta mil hinchas extranjeros desnuda las limitaciones logísticas de Asunción. Comenzando por la terminal portuaria de Luque, sobrepasada en sus dimensiones y burocracia. Además, como se informó hace unos días para el caso de la final del sábado, la capacidad hotelera de la capital se llena por completo y los visitantes deben hospedarse no solo en hoteles de ciudades aledañas, sino más allá de Central. La presidente de la Asociación Industrial Hotelera del Paraguay, Josefina Otero, recomendó la semana pasada a los aficionados que no hicieron aun reservas que busquen hoteles en Cordillera, a cincuenta kilómetros de Asunción. Con la catastrófica situación del transporte público en Paraguay, la sugerencia desnuda otro problema característico de nuestro país.

Hay un rasgo también que se vuelve visible para los visitantes, a despecho de la hospitalidad mencionada de los asuncenos: la pobre imagen estética y la hostilidad manifiesta de las condiciones materiales y públicas de una ciudad arrasada en los últimos años por las administraciones municipales (sobre todo coloradas) y del Gobierno central: esta “zona de guerra” que es el Centro Histórico en el que los visitantes se desplazan mayoritariamente, con la estampa apocalíptica de una Asunción de edificios derruidos, calles destruidas, veredas intransitables.

FINALES DE LIBERTADORES. Haciendo un ejercicio de memoria, nunca un equipo paraguayo llegó a la final de la Sudamericana, ni en la época de las dos finales, ni de la disputada a un partido. Las dos anteriores y la que se viene, sin embargo, no son las únicas de un torneo internacional que tuvieron lugar en Asunción entre equipos no paraguayos. La capital recibió antes (además de las siete que disputó Olimpia y la que jugó Nacional) las finales a tercer partido y en territorio neutral de la Libertadores de 1975 y 1985.

Aquella era otra Libertadores, la que se extinguió con el fin del siglo pasado. No solo por el sistema de disputa, que incluían semifinales de tres equipos y un partido de desempate en la final, sino por la atmósfera de tremenda hostilidad en la que se jugaba. En 1975 se enfrentaron el argentino Independiente, pentacampeón por entonces, de Ricardo Bochini y el peruano Percy Rojas; y la sorprendente Unión Española chilena, de Juan Machuca y Mario Soto, inédito finalista.

El primer partido fue ganado por los chilenos, en Santiago, por 1 a 0; el segundo, 3 a 1 por Independiente, en un match plagado de irregularidades típicas de aquella época, antes, durante y después del juego. Por ejemplo, el árbitro fue herido en la cabeza por un proyectil y obligado “cordialmente” a seguir dirigiendo: luego de que los directivos del Rojo lo sacaran del vestuario (“a bofetada limpia”, según el entrenador chileno, Luis Santibáñez, en un relato de la época reproducido por Luciano Wernicke en Historias insólitas de la Copa Libertadores). Luego de dejar sin efecto la suspensión del partido, Ramón Barreto cobró un penal para Independiente, lo que le permitió al Rojo empatar el juego para después ganarlo.

En Asunción, el 29 de junio de 1975, Independiente venció 2 a 0 a aquel gran equipo chileno, con tantos Ricardo Ruiz Moreno y del campeón del mundo en 1978 con Argentina, Daniel Bertoni. El Rojo no podía jugar en Asunción sin el futbolista más importante que vistió su camiseta en la historia como testigo: Arsenio Erico. El Saltarín Rojo fue un invitado especial en la fresca noche asuncena de la quinta consagración. La Copa fue entregada por el dictador Alfredo Stroessner al capitán del Rojo, el lateral uruguayo Ricardo “El Chivo” Pavoni (a quien un músico hincha del Rojo, Andrés Calamaro, lo recuerda en una canción). Al lado de ellos en el Palco del Defensores, estaba Erico.

Diez años después, el 27 de octubre de 1985, otro equipo bonaerense, Argentinos Juniors, levantó el trofeo en el estadio de Sajonia jugando un fútbol exquisito. El cuadro de Claudio Borghi y Sergio Batista, campeones del mundo en 1986, venció en la final al colombiano América de Cali, de los paraguayos Gerardo González, Roberto Cabañas y Juan Manuel Battaglia. Fue 1-0 en Buenos Aires para Argentinos Juniors, 1-0 en Cali para América y 1-1 en Asunción. Los penales definieron a favor de los argentinos.

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Argentinos Juniors dio la vuelta olímpica en la capital paraguaya en 1985.

Foto: Gentileza Conmebol

El arquero Enrique Vidallé se lanzó las cinco veces al mismo palo, y al Pitufo Antony de Ávila (quien ostenta el récord de haber perdido cuatro finales con el América y una con el Barcelona de Ecuador) le tocó sucumbir ante Vidallé en el arco Norte. Sin embargo, el árbitro chileno Hernán Silva, inexplicablemente, dio por ganado a Argentinos Juniors cuando todavía faltaba el penal consagratorio de Mario Videla. Luego de la confusión y reclamo de los colombianos, el juez rectificó su error. Aquella fue la primera vez desde el Santos de Pelé que un debutante salía campeón: un modesto equipo de barrio (Paternal) apodado El Semillero del Mundo, el club donde emergió un tal Diego Armando Maradona.

Resulta sintomático que no contamos con imágenes televisivas de la final de 1975 en Asunción, pero sí de la de 1985, cuando Paraguay tenía dos canales y había llegado el color a la pantalla. La memoria audiovisual del Paraguay, y en esto el fútbol también lo sufre, fue bastante accidentada y flaca en este país hasta bien entrados los años 80.

Este sábado se escribirá otro capítulo en la historia del fútbol sudamericano: la de los asuncenos, además de espectadores neutrales, como hospedadores de miles de extranjeros ansiosos por gritar campeón en el estadio en el que se jugó la primera final de vuelta de la Copa Libertadores, hace sesenta y cinco años: la recordada tarde de los recordados naranjazos de los hinchas del Olimpia a los campeones del Peñarol de Luis Cubilla y Alberto Spencer.

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