A principios de la década de 1930, Paraguay entró en guerra contra Bolivia en el Chaco. La mayoría de los jóvenes en edad de ser alistados se presentaron voluntariamente para ir a la contienda. Pero uno de los que se presentó no tenía todavía el requisito etario: Arsenio Erico.
Con 17 años, era futbolista de Nacional, pero el adolescente buscaba una manera de servir a su patria. Según algunas fuentes, fue un militar de alto rango, que lo conocía como jugador de fútbol, quien lo encontró tratando de alistarse en Puerto Casado y le contó que, si quería servir de alguna manera al Paraguay, había una forma en realidad: Integrar un combinado de futbolistas que haría una gira por Argentina y Uruguay para recaudar fondos para la Cruz Roja Paraguaya, que desde el principio de la contienda atendía a los heridos en el teatro de operaciones chaqueño.
El impacto de aquel equipo “recaudador” fue inmediato. La destreza física de Erico, su capacidad de salto casi sobrenatural y su elegancia con el balón dejaron boquiabiertos a los espectadores rioplatenses. Durante la gira, el seleccionado paraguayo disputó cerca de 25 partidos, y la figura de Arsenio brilló con luz propia, convirtiéndose en el principal atractivo de los encuentros. Lo que comenzó como una misión de asistencia humanitaria, terminó siendo la vitrina más grande para el talento paraguayo.
La calidad de Erico fue tan evidente que despertó una guerra de ofertas entre los grandes clubes de Argentina. Los dirigentes de River Plate y de Independiente quedaron prendados de su juego. Sin embargo, fue el club de Avellaneda el que logró asegurar su ficha. Incluso, River envió un emisario a Asunción para negociar con Erico y Nacional, pero desconocía que el jugador ya había llegado a un acuerdo con el elenco rojo y estaba de viaje a Buenos Aires mientras el emisario llegaba a Paraguay.
Fueron unos 5.000 pesos los que Independiente le pagó como prima por el contrato firmado, pero esos no se quedaron el bolsillo del jugador: Los donó íntegramente a la Cruz Roja, demostrando otra vez su compromiso patrio en tiempos de guerra.
UN GRAN ARTISTA. La llegada a la Argentina marcó un antes y un después en la historia del fútbol sudamericano. Erico no solo cumplió con el objetivo de ayudar a su país, sino que en Independiente se transformó en una leyenda absoluta.
Con su estilo plástico y sus goles imposibles, se convirtió en el máximo artillero de la Liga Argentina con 295 goles (récord que aún comparte o disputa, según la fuente) y en el ídolo máximo de figuras como Alfredo Di Stéfano. “Erico es diferente a todos, a todo lo que vi. Un jugador notable. Todo lo que engloban, sin exagerar, las cinco letras de la palabra crack. Para mí, un malabarista de circo, un artista. Perdón, un gran artista”, lo definió la Saeta Rubia.
En definitiva, la carrera del Hombre de Goma no comenzó en los despachos de lujo, sino en el barro de la solidaridad con su país. Su paso por la Selección de la Cruz Roja Paraguaya es el recordatorio de que incluso en los momentos más oscuros de una nación, el deporte puede ser una herramienta de salvación. Erico no solo conquistó las redes de los arcos contrarios, sino que primero conquistó el corazón de un continente que lo vio jugar por una causa superior a cualquier trofeo y terminó siendo una leyenda del fútbol paraguayo, argentino y sudamericano.