Antes de los paneles termosellados, los sensores electrónicos y los laboratorios de aerodinámica actuales, los primeros mundiales se jugaron con una pelota de cuero, que lejos estaba de ser un esférico perfecto y parecía salida de un taller artesanal.
En el Mundial de Uruguay 1930, el primero de la historia, ni siquiera se tenía una pelota oficial e incluso en la final entre el país anfitrión y la Selección de Argentina se dio la primera polémica: ¿Con qué balón se iba a disputar el partido decisivo?
Tanto uruguayos como argentinos quisieron utilizar sus pelotas de fabricación nacional. Ambos países defendían sus intereses. La pasión y el orgullo en su máxima expresión. La solución final fue un tiempo con cada balón.
El Modelo T era de los uruguayos y se llamaba así por sus once paneles de cuero en forma de T y cosidos a manos. Era más duro, difícil de cabecear y controlar. Pesaba 450 g y su material era de un cuero grueso y más rígido.
Los argentinos le tenían a Tiento, un balón más dócil que se caracterizaba por estar elaborado con doce paneles rectangulares y no utilizaba cordón para ajustar dentro de las paredes ni en la boquilla para inflar. Además, era un poco más liviano.
En la historia quedó escrita que esa primera final la ganó Uruguay 4 a 2 y se coronó como la primera selección campeona del mundo. Era el fútbol en su estado puro, sin compromisos contractuales ni búsquedas económicas. El único deseo era alcanzar la gloria.
Más allá de esa polémica primera definición, las primeras pelotas tenían otro componente de dificultad cuando los partidos se jugaban bajo lluvia. La acumulación de agua las volvía más pesadas, duras y difíciles de controlar.
Tanto que los cabezazos que hoy serían rutina en los partidos, en aquel entonces podían terminar en cortes o desmayos. El balón no era un aliado dócil; era un objeto rudo que exigía fuerza y valentía.
Un fútbol sin fantasías
A partir del Mundial de Italia 1934, los campeonatos ya se jugaron con una pelota oficial. Para ese torneo se fabricó la Federale 102, que estaba elaborado con trece paneles de cuero y el tiento estaba ligado con cintas de algodón para que sea más suave.
En Francia 1938 su usó la Allen, cuya características era muy similares a su antecesora. Si bien presentaron pequeños avances técnicos, seguían siendo balones de cuero grueso, con costuras prominentes. La pelota no estaba pensada para la fantasía, sino para la resistencia.
Recién después de la Segunda Guerra Mundial comenzaron mejoras más visibles. En Brasil 1950 hizo su aparición la Superbola Duplo T. Fue el primer balón mundialista que no llevaba un tiento unido con cintas. Se inflaba por una válvula insertada en uno de sus paneles de cuero.
Eso permitió que la pelota tenga una superficie sellada, más uniforme y esférica. Los bordes redondeados de sus paneles, que además eran más ligeros, ofrecían más durabilidad y estabilidad. Pero seguía siendo de cuero natural, vulnerable al clima.
Una pelota amarilla y otra blanca
La pelota Campeón del Mundo Suizo, utilizada en Suecia 1954, tenía como principal característica un color más amarillo, que se diferenciaba del marrón utilizado en los mundiales anteriores. Ayudó a los aficionados a seguirla con menor dificultad en el campo de juego.
Estaba formado por 18 piezas de cuero alagados, unidas con costuras de hilos de nailon en grupos de tres paneles, cuyos innovadores bordes entrelazados en zigzag todavía se siguen usando en la fabricación de balones.
Ese balón fue testigo del milagro de Berna, cuando la República Federal de Alemania se impuso por sorpresa en la final a la gran favorita del torneo, Hungría (3-2).
Para Suecia 1958, Mundial que vio nacer a la leyenda del brasileño Pelé, la FIFA elaboró una competición para elegir el balón oficial. Entre más de 100 propuestas, fue seleccionado el Top Star, que se elaboró en amarillo, marrón claro y blanco.
El modelo de color blanco, con sus 24 paneles de cuero, encerados para que conserve la humedad, se usó en la mayoría de los partidos, incluida la final, donde el Brasil del jovencísimo Pelé se impuso a la anfitriona, Suecia.
Otro dato no menor es que el delantero de Francia, Just Fontaine, marcó con este balón los increíbles trece goles en seis partidos, un récord que permanece imbatido hasta hoy en día. Tres de esos goles le convirtió a Paraguay.
El fin de las primeras pelotas
El Señor Crack de Chile 1962 parecía aún más redondo que sus predecesores y contaba con 18 tiras de cuero. Además, fue el primer balón del Mundial que contenía una válvula de látex, de manera que el aire se escapaba más lentamente y conservaba la forma durante más tiempo.
Mientras que el Challenge 4-Star (Desafío 4 estrellas) de Inglaterra 1966 contó con 25 paneles de cuero y se fabricó en blanco, amarillo y naranja. A pesar de que el blanco se usó con más frecuencia, la final entre Inglaterra y Alemania se disputó con el modelo naranja.
Esos primeros Mundiales se jugaron con una pelota que literalmente pesaba más. Pero también simbólicamente. Pesaba la historia de un deporte que buscaba consolidarse en el mundo. Pesaba la identidad nacional en tiempos de tensiones políticas.
Aquellas pelotas de cuero fueron testigo del nacimiento de mitos, del primer campeón, de las primeras polémicas. Rodó sobre campos irregulares, bajo lluvias torrenciales y ante multitudes que aún no imaginaban la magnitud que alcanzaría el torneo.
Hoy el balón transmite datos en tiempo real y es diseñado por ingenieros. Pero en aquellos comienzos, era apenas cuero, hilo y aire.