Aquel arrebato en la final de la Copa Libertadores de América del 2013 ante el Atlético Mineiro de Brasil lo puso, acaso, en definitiva, en el pedestal de la predilección de la hinchada franjeada, esa que en los últimos años tuvo la dicha de volver a disfrutar de jugadores de mucho pedigrí.
En este sentido, Alejandro Silva es uno de ellos en Olimpia, porque solo Olimpia fue capaz de magnificar su fútbol. Ningún sitio antes de Para Uno, o después de él, vio un desempeño tan resaltante del multitareas charrúa, que volvió a este rincón por mandato exclusivo de los socios.
El montevideano dejó una huella tan profunda en el colectivo decano que su ausencia no pudo ser satisfecha por completo, pese a que sobre el campo se seguía saboreando de las mieles del éxito. Esa conexión creada en 2012-2013, durante su primera etapa, sobrevivió al tiempo.
Pese a que Silva se convirtió en un ave de muchas estaciones, Para Uno es su andén favorito. Tras su paso por Lanús (Argentina), Bañado de Carrasco (Montevideo) y Montreal (Canadá), volvió al Olimpia siempre con ímpetu y eficacia para mantener viva esa coexistencia entre él y el club.
En esta tercera etapa, el volante jugó 14 encuentros y anotó cuatro goles con la franja azabache. Sin dudas, uno de ellos, el realizado frente a Libertad, será catalogado como de los más bellos del tricampeonato que hoy celebra el club, con el jugador pedido por los hinchas siendo emblema.