Por Victor Hugo Bogarin - @diariokue
Un martes 3 de diciembre de 2002, bien temprano —07:00, hora paraguaya—, la nación franjeada madrugaba frente al televisor. El Club Olimpia estaba a punto de representar a Sudamérica en la final Intercontinental frente a uno de los mejores equipos del planeta: el Real Madrid, representante europeo.
El Decano había asegurado su boleto a aquella cita apenas meses atrás, tras conquistar la Copa Libertadores de América ante el São Caetano, escribiendo una de las páginas más gloriosas de su historia.
Dos semanas de aclimatación en Japón
Antes del compromiso oficial, el plantel dirigido por el profe Nery Alberto Pumpido había aterrizado con anticipación en suelo nipón. El objetivo era claro: realizar una aclimatación de dos semanas para adaptarse al drástico cambio horario, muy distinto al de nuestra región. Esa preparación buscó que el equipo llegara en las mejores condiciones posibles al duelo más esperado del año.
El once del Decano
El día del partido, Pumpido presentó la siguiente alineación:
Ricardo Tavarelli; Néstor Isasi, Pedro Benítez, Nelson Zelaya, Juan Ramón Jara; Miguel Ángel Benítez, Julio César Enciso, Julio Cáceres, Sergio Orteman, Gastón Córdoba; Rodrigo López.
Un equipo combativo, con mezcla de jerarquía, entrega y experiencia copera, listo para enfrentar a un gigante mundial.
Un rival de otro planeta
En el International Stadium de Yokohama, dos clubes centenarios se encontraron frente a frente. Y aunque el franjeado dejó alma y corazón en el campo, no pudo superar a un rival de primer nivel. Con goles del “Fenómeno” Ronaldo y Guti, Olimpia cayó por 2-0 en aquella tarde japonesa y mañana paraguaya.
A pesar del resultado, el Decano defendió con orgullo el estandarte sudamericano, demostrando por qué su historia está escrita entre los grandes.