29 nov. 2025

Flamengo y Palmeiras, una genética del Paraguay

Juegan la final de la Copa Libertadores en Lima, y por su historia corre sangre paraguaya.

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Benfica’s Swedish defender #26 Samuel Dahl (C) is congratulated by team mates after scoring a goal during the UEFA Champions League, league phase day 5, football match between Ajax and Benfica at the Johan-Cruijff ArenA in Amsterdam on November 25, 2025. (Photo by JOHN THYS / AFP)

JOHN THYS/AFP

Los verdaderos libertadores de América (de la sujeción política y económica de España), José de San Martín y Simón Bolívar, bien sabían hace dos siglos que la ciudad que había que tomar para liberar totalmente el subcontinente era la “de los Reyes”: Lima.

Entre 1821 y 1824, estos dirigentes políticos y militares, entre otros nacidos a lo largo de Sudamérica (incluido el coronel paraguayo José Félix Bogado), batallaron para ganar y conservar a Lima como simbólico bastión del movimiento independentista, con el peso en contra de trescientos años de aristocracia realista y de reacción conservadora.

En esta ciudad de todavía conservado aspecto virreinal –que durante el periodo incaico precolombino no fue más que un aburrido valle administrativo del Cuzco, la capital imperial de los incas– a días de cumplirse los doscientos y un años de la Batalla de Ayacucho que cimentó la independencia americana, se jugará este sábado la final de la Copa Libertadores de América de fútbol: la que lleva su denominación en homenaje a San Martín y Bolívar, nombres y legados cada día más olvidados por los regentes del fútbol sudamericano.

En Lima, ciudad donde se jugó en 2019 por primera vez la Final Única del torneo, se enfrentarán dos clubes brasileños de entre el puñado que domina el fútbol sudamericano, precisamente, desde aquel año. El uno paulista, el otro carioca: Palmeiras y Flamengo. En 2019, en una de esas insospechadas finales que se dilucidan épicamente en el último par de minutos, el Mengão venció al River Plate argentino. Después ganó otro título en 2022. En los dos años anteriores, con el mismo capitán paraguayo en cancha, Gustavo Gómez, fue el Verdão, el consagrado; incluso, en 2021, fue su rival de este sábado el vencido, por lo que el choque en la capital peruana tiene visos de revancha sudamericana con el tinte brasileño de estos tiempos.

En la final de 2019, en Flamengo jugó los últimos dos minutos el volante paraguayo Robert Piris Da Motta, hoy en Cerro Porteño. Ya mencionamos a Gómez, gravitante en el bicampeonato del Palmeiras, que el sábado tendrá también entre sus filas al internacional Ramón Sosa. Justamente, mirando a los futbolistas de la Albirroja que juegan en Brasil encontramos que su liga es la preferida de los seleccionados paraguayos: un sucedáneo geográficamente cercano del fútbol europeo, lucrativo y de alta competencia.

Hoy no hay ningún paraguayo en el Flamengo, pero su historia es tan rica en elementos guaraníes como lo es la del Palmeiras. Allí están los nombres de su arquero tricampeón paulista, Sinforiano García; de su segundo máximo goleador extranjero, Duilio Benítez; o el de su estratega más influyente, Manuel Fleitas Solich. En Palmeiras, están los nombres de los más contemporáneos: Francisco Arce, hombre récord y querido con locura como Gómez; o Catalino Rivarola, también campeón continental, como un amuleto al lado de Arce. Sin embargo, este Peskamboi quiere recordar, brevemente y en la antesala de la final limeña, a dos jugadores menos conocidos, uno por bando, pero decididamente importantes para la historia tanto del Flamengo como del Palmeiras: Modesto Bría y Juan Pérez.

Mediocampista de ensueño. En el trienio 1942-1944, el mediocampo del Flamengo tricampeón poseía el equilibrio que le dotaba el encarnaceno Modesto Bría, un volante que entonces se llamaba clásico, cuya función era ligar el Infierno de la zaga con el Paraíso de la delantera, en un Purgatorio dantesco de medio sector. Bría había llegado con el comienzo de aquella década, al ritmo de la samba en la radio popular y de la voz de Carmen Miranda en el cine, como en Aquella noche en Río. Años de guerra mundial, de urbanismo a la europea y del comienzo de las favelas. De un joven Tom Jobim en los inicios de la bossa nova, y de Ary Barroso, el locutor, compositor y pianista con nominación al Oscar en Hollywood (el primer brasileño en serlo). Es que Bría tuvo, de hecho, una llegada de película al Flamengo, y Barroso tuvo todo que ver en ello, fiel a su estilo carioca, fanático del Mengão.

No tempo do Ary Barroso, el periodista Sérgio Cabral cuenta que fue un general de la dictadura de Getulio Vargas, el general Antônio de Santa Rosa, hincha del Fluminense, advertido a su vez por un agregado militar brasileño en Asunción, quien sugirió a Barroso que contratara al chico de dieciocho años que brillaba en el mediocampo del Nacional de los años de plomo de Higinio Morínigo, amigo incondicional del Estado Novo de los militares brasileños. Pidió prestado un avión para no despertar sospechas en Asunción (aunque aquí más bien las habría generado con esa decisión), llegó hasta la familia de Bría y, en unas horas, se lo llevó para Río de Janeiro. Santa Rosa le había dicho que tuviera cuidado, pues Bría era ídolo de la hinchada de Nacional y podía “provocar otra Guerra del Paraguay”. El jugador formó en Flamengo un medio de ensueño, con Jaime y Biguá, “que ningún rubronegro de aquella época será capaz de recordar sin emoción”, el que le dio el primer tricampeonato de su historia al Flamengo. Siempre quedó ligado al club, hasta su muerte en 1996.

Para calibrar su valía en el ADN del Flamengo: fue él quien puso a Zico frente a los ojos de Fleitas Solich. Una zaga de paraguayos que termina en el máximo ídolo del club. En 1992, Bría fue homenajeado en el Maracaná.

El primer subcampeón

En 1967-1969, el equipo brasileño que deslumbraba era el Palmeiras de Djalma Santos y Ademir Da Guia, bajo los sonidos proletarios de su pujanza industrial. En el arco, estaba un experimentado paraguayo que había jugado en los grandes de Asunción, Cerro Porteño y Olimpia, en Argentina (Colón de Santa Fe) y en Venezuela (Deportivo Galicia), país desde donde llegó como refuerzo a São Paulo: Juan Pérez.

En la Libertadores de 1968, Pérez fue titular en ocho partidos, pues en otros ocho lo fue la entonces gloria del club, Valdir Joaquim de Moraes. A los 13’ del partido de desempate en Montevideo contra el Estudiantes de la Plata de Carlos Bilardo, fue Pérez quien reemplazó a un lesionado Valdir, en un partido en el que Estudiantes terminó imponiéndose por 2-0. Fue el primer paraguayo subcampeón de América con un equipo brasileño. Aunque hoy suene irrelevante, el dato no es menos trascendente.

No solo Pérez siguió jugando en Brasil, sino al retirarse fundó en 1973 la primera Escuelita de Arqueros del gigante federal, en el Sport del nordestino Recife. Fue parte de un equipo técnico del Corinthians, al lado de Oswaldo Brandão, ganador del Paulista 1977 tras veintitrés años de sequía. Sin embargo, su último legado no fue para el Brasil, sino inesperada y reveladoramente persistente.

Los estudiosos de la historia del fútbol de Arabia Saudita recuerdan con precisión la importancia de la llegada, a principios de los años ochenta, del entrenador Mário Lobo Zagallo y los auxiliares técnicos que conformaban, por su procedencia, un Mercosur precursor en los inicios del despegue de Arabia Saudita: el también brasileño Rubens Minelli, el uruguayo Omar Borrás, el argentino Ricardo Pizzaroti y el paraguayo Juan Pérez. Preparador de porteros, con la selección asiática participó en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984, y fue campeón de Asia ese mismo año y en 1988. Décadas antes de que Cristiano Ronaldo popularizara al fútbol saudí, y Neymar Jr. a Al Hilal, Pérez fue preparador en este club, campeón de Primera División en 1988. Los arqueros saudíes de toda una generación, tal vez más, le deben mucho al horqueteño.

El sábado en la milenaria Lima, cariocas y paulistas escenificarán una vez más la rivalidad histórica de las regiones urbanas dominantes de la cultura brasileña. Una rivalidad que se enseñorea en Sudamérica. En las tradiciones de Flamengo y Palmeiras laten, en común, la sangre de más o menos recordados futbolistas paraguayos, hasta nuestros días. Por ahora, sin embargo, no hay quien nos libere de los brasileños en la Copa Libertadores.

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