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Antonio Ortiz: Un destino que le cambió la vida

Con una infancia difícil se aferró al deporte para ser campeón. La increíble historia del medallista de Odesur, que creció en un hogar para niños de Itauguá.

Amílcar Noguera Por Amílcar Noguera

En el desamparo y el abandono, deambulando de hogar en hogar para menores en situación de vulnerabilidad, así fueron los primeros años de Antonio Gabriel Ortiz Cañete (21 años), quien a los 9 cambiaría su vida para siempre. El medallista de Juegos Odesur ASU2022 en lanzamiento de jabalina cuenta su increíble historia de superación.

Era el 10 de setiembre del año 2010, una pulguita llegaba al Hogar El Camino, de la Fundación Sirviendo al Paraguay, ubicado en Itauguá. Así lo recuerda Marcos Díaz, director del hogar.

“Él llegó cuando tenía 9 años, chiquito, era una pulguita y al Ortiz que conocemos es totalmente otro. Era inquieto, cariñoso, pero siempre decidido”, resume Díaz quien a la vez es el director de la Fundación.

DESTINO GUIADO. Su contacto con el deporte fue porque él veía a una persona correr todos los días, esa persona es su entrenador (Milciades Alarcón). “Para mí, él es como mi papá, por todo lo que ha hecho por mí”, reconoce Antonio Ortiz. Recuerda que un día estaba sentado mirando en la cancha disciplinado por algunas travesuras y vio nuevamente pasar a este señor corriendo: “Entonces salí a correr con él y me gustó”. “Después me dijo que venga y empezó a entrenarme. Empezamos a correr carreras de calle y mi primera corrida fue en la Corrida del Periodista, en el Defensores del Chaco, no conocía el lugar, pero igual llegué”, y se ríe.

La curiosidad propia de los infantes a esa edad siempre lo mantuvo despierto. “El profe nos enseñó todas las pruebas del atletismo de pista, carreras, medio fondo, velocidad. Yo opté por velocidad, me encantaba, porque en ese entonces pensé que era muy facha, pero en realidad no me salía porque yo era muy chiquitito para mi edad, todos decían que yo iba a ser muy bajito y ahora se sorprenden por mi altura”, refiere.

BUENA EDUCACIÓN. Pero en el Hogar, no solamente aprendía deporte, sino también iba a la Escuela Tape Pyahu, ubicada dentro del predio de la fundación. Hace dos años, Ortiz concluyó el bachillerato, hablando perfectamente inglés y con muchas ofertas de becas para estudiar en las mejores universidades de EEUU.

AGRADECIDO. “Mi nuevo camino fue guiado por muchas personas, mi entrenador, tutores, directivos, sicólogos. Estas personas fueron apareciendo nomás en mi camino, gracias a Dios, y me guiaron para ser lo que soy hoy en día, un atleta que representa a su país con mucho orgullo”.

Pero en su vida siempre parece que él estaba destinado a hacer algo más: “Un día estábamos en la cancha corriendo y cae un palo a mi lado, y el profe me grita ‘Ortiz, pasame ese palo’ y le tiré, e inmediatamente el profe me dijo que iba a ser bueno en jabalina”, y ahí empezó la historia con esta disciplina del atletismo.

“Pasame el palo, le dije, y él hizo ese gesto técnico. Le dije ‘vos vas a lanzar muy bien, quédate en jabalina’”, rememora con una sonrisa Milciades Alarcón. Esa pequeña anécdota le llevaría a Ortiz a conocer lugares que él nunca ni se imaginaba que existían y sigue persiguiendo sus sueños. En el 2020 había clasificado para un Mundial Juvenil, pero no pudo ir por la pandemia; al año siguiente, él ya no estaba en edad para esa categoría. Sin embargo, ese mismo año logró medalla de bronce en el Suda U23, en Cuenca, Ecuador y este año se alzó con la de plata en Cascavel, Brasil, para luego cerrar en casa con un podio en los Juegos Odesur.

Los raspones forjaron su personalidad

Antonio Ortiz es consciente de que si no llegaba al Hogar El Camino, “capaz estaba en otras. Tal vez en la diversión, lo que hoy llaman los jóvenes, tal vez jugando piki (futvóley), perdiendo miles de buenas oportunidades, haciendo estupideces”, sigue diciendo: “Si te tropezás, siempre vas a sacar algo bueno de todo lo que te pasó, no importa que los demás te digan que es malo, vos podés sacar lo bueno y esos malos usar para enseñar algo bueno a los demás. Todos esos tropezones o raspones que recibí fueron construyendo mi personalidad, carácter y lo que soy hoy en día”, reflexiona el atleta. “Me gusta cómo fue mi vida, a pesar de que fue difícil, pero sí me gusta. Si yo cambio mi pasado, mi futuro se borra. Lo que estoy viviendo hoy en día no voy a vivir por un simple cambio de mi pasado y capaz para ese pasado sea feliz, pero no les iba a conocer a estas personas, no iba a estar donde estoy, tampoco iba a representar al país, o capaz estaba en otra ya. Por eso, me gusta todo lo que pasé, soy feliz, por lo menos sigo vivo”, asiente con una mirada profunda.

Sin mucho recuerdo de sus padres

El jabalinista lamentablemente no tuvo oportunidad de compartir con sus tres hermanas. “Respecto al afecto familiar no es que tengo tanto, es como que desapareció. Suelo hablar con mi hermana, que es un poco mayor que yo; con mi tía, que vive en Capiatá, y con mis otras hermanas ya no, son todas adultas, qué les puedo decir, ellas hacen sus vidas y viven sus vidas propias, al menos sé que están vivas. Con mi tía suelo hablar a veces, me felicitó apenas terminó la competencia (en los Odesur). Estaba pendiente al menos de mí”, comenta.

La última vez que vio a su mamá fue cuando él cumplió 15 años. “Creo que el título de mamá y papá les quedan muy grande a esas personas”, se refiere. “Se les agradece por haberme traído al mundo, pero el título les queda muy grande. Porque para ser mamá y papá, como que es ponerte los pantalones y luchar”, suspira al comentar. “Bueno, se les perdona, todos cometen errores por así decirlo, pero si van a hacer algo así estúpido, por qué no siguieron nomás juntos”.

Enamorado del deporte

Milciades Alarcón (35 años) es uno de esos entusiastas deportistas que no tienen límites. Empezó corriendo karrera-pe –carreras a pie de velocidad entre dos personas–, y luego se hizo medio fondista. “Yo soy técnico y encargado de mantenimiento acá en el Hogar, me gusta correr, siempre salía a correr. No era todavía profesor de Educación Física, ni de atletismo, los chicos me veían correr y así fue que empezamos a entrenar juntos, nos íbamos a las carreras y así empezó todo”, refiere el entrenador que abrió primeramente la escuelita de atletismo y se convirtió en el Club de Atletismo Ñandutí.

“Tenemos un trabajo de casi ocho años con Ortiz, creo que hay otros chicos que ya están también con la misma base formándose de a poquito con la misma estructura”, comenta Alarcón.

“Yo estoy muy orgulloso, porque cada año puedo decir que no tengo ni un chico que no haya mejorado”, subraya el profe.

Hacen un camino mejor

Marcos Díaz, director de la Fundación Sirviendo al Paraguay, tenemos un Hogar de Niños, El Camino, tenemos escuela y colegio, se llama Tapé Pyahu y el Club Atlético Ñandutí.

“El proyecto se inició en el año 2009, con una pareja norteamericana, que se hizo cargo de este Hogar. “En este lugar recibimos a chicos por orden judicial, a través de la Defensoría, el Juzgado, Ministerio de la Niñez y la Adolescencia, a través de ellos trabajamos”, explica Díaz.

El Hogar cuenta con un equipo técnico, con sicóloga, trabajadora social, abogado que trabajó con los casos de cada chico, viendo la posibilidad de reinserción o una familia acogedora”.

A los chicos se les da el colegio y el club para practicar deportes. “Vivimos en una modalidad familiar, hay casas, dentro de las casas hay seis niños con la figura de papá y mamá. Se manejan como si fuera una familia, donde se les dan los hábitos, se les enseñan principio y valores”.

Dibujaba autos impresionantes

“Antonio Ortiz, en sus inicios, era un chico juguetón, lleno de vitalidad, siempre estaba inquieto queriendo encontrar cosas que hacer. Lo caracterizaba la curiosidad, preguntaba todo e indagaba todo. Nunca se quedaba con dudas sobre las materias o interrogantes que tenía sobre la palabra”, lo describe su profesora Évelyn Ozuna. “En sus ratos libres le encantaba dibujar, sobre todo unos autos espectaculares que imaginaba y que algún día, decía él, tendría uno”. Sigue relatando: “No le gustaba pasar desapercibido, encontraba la forma de destacar, ya sea con su ingenio o en los deportes. Pero eso sí, cuando realizaba alguna actividad y esta no era como esperaba, se ponía un poco nervioso y caminaba en círculos como tratando de calmarse”.

“Otro de sus pasatiempos era la lectura de literatura variada, aparte de los dibujos. Antonio es tenaz, capaz y perseverante, optimista con grandes ambiciones”, lo define.

Pareja americana llegó en 2009 al Paraguay para fundar el Hogar

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Los Morton.  Sara y marido Shaun, ahora residen   en EEUU; sus dos hijos del medio nacieron en Paraguay

Los Morton. Sara y marido Shaun, ahora residen en EEUU; sus dos hijos del medio nacieron en Paraguay

“La Fundación nació de una visión que Dios puso en mi corazón y de mi esposo en el 2009. Vimos el gran potencial y sentimos que había un propósito de Dios para cambiar y transformar las vidas en ese lugar. Al inicio, el enfoque era totalmente en el Hogar”, menciona Sara Morton, quien junto a su marido Shaun Morton, empezaron el proyecto.

“En el 2009 había una casa habilitada. Crecimos y tenemos hoy cinco casas funcionando, dos de esas con jóvenes adolescentes, llegando o ya cumpliendo mayor de edad (es para apoyarles en su transición a independencia)”, precisa.

“En el 2010 sentimos el deseo de privatizar el colegio para poder ofrecer una mejor calidad de educación, instrucción más intensiva en inglés, informática, entre otros. En el 2011, inauguramos el Colegio Cristiano Privado Tape Pyahu. También nació el club de atletismo”, explica Sara desde los Estados Unidos.

“Primero buscamos legalizar nuestra oenegé en los EEUU, bajo el nombre Serving Paraguay, y luego hicimos los trámites para fundar la Fundación Sirviendo al Paraguay.

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Fuente: Impreso - Última Hora.

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