Se trata de Manuel Fleitas Solich, quien a lo largo de su carrera deportiva como jugador y técnico logró llevar la enseñanza del fútbol a varias partes del mundo. En el marco del Día del Maestro, vale la pena homenajear a uno de los educadores que dio este deporte en Paraguay.
Fleitas Solich nació el 30 de diciembre de 1901 en la ciudad de Asunción, poco más de un mes después de disputarse el primer partido oficial en la historia del Paraguay, que fue el 23 de noviembre.
El fútbol comenzaba a expandirse en aquella época en el territorio guaraní con la fundación de las primeras instituciones deportivas. Dos de ellas fueron el club Olimpia en el año 1902 y Guaraní en 1903.
Fleitas Solich iba creciendo mientras el fútbol seguía con su desarrollo frenético. El novedoso juego en aquel tiempo de “patear la pelota” con los pies le terminó apasionando y con los años fue forjando un fuerte liderazgo que lo llevó al éxito.
Su carrera deportiva inició en el Club Nacional en el año 1918, con una destacada actuación. Su fuerza, actitud y temperamento le valieron para ser, posteriormente, el capitán de la Selección Paraguaya en el Sudamericano de 1921, el primer torneo internacional de la Albirroja.
Con apenas 20 años ya era una de las principales figuras del fútbol paraguayo y participó activamente con el conjunto albirrojo en las siguientes competiciones sudamericanas hasta 1926, siendo en algunas ediciones jugador y entrenador al mismo tiempo, hecho anecdótico.
Durante esos primeros años en el campo internacional, Paraguay sorprendió a la región con grandes actuaciones e incluso fue subcampeón en el año 1922. En ese año peleó el título con el local Brasil.
El liderazgo de Manuel Fleitas Solich no solo se limitaba al campo de juego, también ejercía su influencia fuera del terreno, tanto que también se convirtió en buscador de talentos y fue uno de los pioneros de La Academia, un semillero de grandes jugadores para esa época.
Sus primeros gritos de campeón se dieron en 1924 y 1926 con su querido Nacional, club que en esos años alcanzaba su tercer y cuarto título a nivel local. La experiencia acumulada, pese a su juventud, le ayudó a explorar nuevos horizontes y extender su legado fuera del país.
El primer paraguayo en ser transferido al exterior
Las grandes actuaciones del centrocampista paraguayo, tanto en el club albo como en la Albirroja, sirvieron para inaugurar una nueva era en el fútbol local; las transferencias de jugadores a clubes del exterior.
Fue Boca Juniors, uno de los clubes más populares de la Argentina, el que adquirió los servicios de Manuel Fleitas Solich en el año 1927. El futbolista cumplió con todas las expectativas y se convirtió en uno de los ídolos de la institución.
Nuevamente su carácter y liderazgo le valieron para colocarse la cinta de capitán del equipo argentino y así conquistó el torneo de ese país en el año 1930. Tiempo después sufrió una terrible lesión en la rodilla de la cual ya no se recuperaría en su totalidad.
“El maestro”, “Alfajía”, “Solichi” o “Manolo”, con cualquiera de esos apodos se le conocía al futbolista paraguayo, quien jugó un total de 99 partidos y convirtió 15 goles con la camiseta Xeneize.
Entre 1931 y 1933 jugaría brevemente en otros clubes del vecino país como Racing Club, Platense y Talleres. Regresaría nuevamente a Boca Juniors para disfrutar de sus últimos tres años como futbolista y retirarse finalmente en 1936.
La era del maestro Manuel Fleitas Solich
Si bien ya tuvo experiencias anteriores como técnico aun siendo jugador de fútbol, su exitosa carrera como entrenador inició ni bien colgó los botines. A su liderazgo natural le añadió la experiencia y esa combinación le puso en la cima del fútbol mundial.
El periplo como entrenador al cien por ciento lo hizo con Nacional entre 1937 y 1938. Al año siguiente, en 1939, volvió a dirigir a la Albirroja en el Campeonato Sudamericano que se celebró en Perú, pero resultó ser uno de sus peores tragos amargos.
Se trataba de la segunda competencia internacional de la Selección Paraguaya, posterior a la Guerra del Chaco. Se viajó con enormes esperanzas y grandes posibilidades de ser campeón, según recuerda Miguel Ángel Bestard en su libro “80 años del fútbol paraguayo”.
No obstante, el largo traslado en barco estuvo plagado de irregularidades y se registraron enfrentamientos entre jugadores y dirigentes. La desorganización fue tal que el país no estuvo presente en el desfile inaugural. Obviamente, los resultados tampoco acompañaron.
Tras el descalabro albirrojo en el Campeonato Sudamericano de Perú, Manuel Fleitas Solich pasó a dirigir los siguientes cinco años a River Plate, Olimpia, Libertad y Newell’s Old Boys de Argentina.
El exitoso proceso para alcanzar la gloria con Paraguay
En 1947 retornó a la conducción técnica de la Selección Paraguaya para construir una de las eras doradas de la Albirroja con grandes actuaciones en el campo internacional. Comenzó con un subcampeonato en el Sudamericano de Ecuador.
Dos años más tarde, en 1949, la Albirroja acarició nuevamente el título, pero no pudo en un partido definitorio contra el local Brasil. Sin embargo, el nivel del conjunto guaraní iba creciendo e intimidaba a sus rivales.
Los buenos resultados permitieron a Paraguay disputar su primera Copa del Mundo en Brasil 1950. Si bien no superó la fase de grupos, que integraba con Italia, Suecia y la India, el equipo fue ganando experiencia para finalmente alcanzar la gloria.
Fue en el año 1953, en el Sudamericano que organizó Paraguay en Perú por la escasa infraestructura del país. La Albirroja tendría su revancha en una final con Brasil y por primera vez lograba el título de campeón.
Uno de los mejores técnicos en la historia del Flamengo
Tras lograr el histórico campeonato con la Selección Paraguaya, Fleitas Solich tomó otro desafío y se convirtió en director técnico del Flamengo, uno de los clubes más grandes y populares del Brasil.
Las lecciones del maestro en tierra carioca dieron sus frutos con la obtención de un tricampeonato estadual entre 1953 y 1955, que hasta hoy día se recuerda porque cambió el rumbo del Mengão.
Tanta fue su influencia, que el medio brasileño 90Min lo ubica entre los cinco mejores técnicos que tuvo el equipo brasileño. Además, destacan que fue el responsable de hacerle jugar a uno de los ídolos máximos del club: Dida.
Fleitas Solich estuvo sentado en el banquillo del Rubronegro hasta el primer semestre de 1959. Esa segunda mitad del año daría el gran salto a Europa.
Técnico del poderoso Real Madrid
Carácter, liderazgo, experiencia y títulos. Esos cuatro elementos fueron fundamentales para el desembarco de Manuel Fleitas Solich a uno de los clubes más grandes del mundo, el Real Madrid de España.
Solo nueve entrenadores sudamericanos lograron dirigir al conjunto merengue en toda su historia.
Ellos fueron Héctor Scarone (1951), Enrique Fernández (1953), Luis Carniglia (1957), Manuel Fleitas Solich (1959), Alfredo Di Stefano (1982 y 1990), Jorge Valdano (1994), Vanderlei Luxemburgo (2004), Manuel Pellegrini (2009) y Santiago Solari (2018).
El arranque de Fleitas Solich fue auspicioso con una tremenda goleada de 7 a 1 ante el Real Betis. Ese resultado hasta el día de hoy continúa siendo el mejor arranque de temporada para el conjunto español.
Sin embargo, algunos escritos de medios madrileños señalan que el entrenador paraguayo se encontró con un vestuario muy recio con él y que los “pesos pesados” del plantel nunca estuvieron de acuerdo con su forma de entrenar, lo que finalmente provocó su salida.
Entrenó al Real Madrid durante siete meses y estuvo en el banquillo en 30 partidos con un balance positivo de 21 victorias, cinco empates y cuatro derrotas. Un tiempo breve, pero histórico.
Su última etapa como entrenador
Manuel Fleitas Solich retornó a Sudamérica para dirigir nuevamente al Flamengo por dos años más (1960-1962), luego pasó por el Corinthians y Fluminense. Tuvo otro ciclo con la Selección Paraguaya entre (1964 y 1965)
Los otros clubes brasileños que entrenó fueron el Palmeiras, Atlético Mineiro y Bahía. Su última experiencia la tuvo con la Selección de Perú en 1983.
El “Maestro” falleció el 24 de marzo de 1984 en la ciudad de Rio de Janeiro, Brasil. Su vida estuvo marcada por el fútbol, dejó en alto la bandera tricolor y un legado que perdurará para siempre.