Cuando Daniel Vallejo se impuso por 6-4 y 6-4, en su primer partido en un torneo de maestros a sus 21 años, sobre el ex número 3 del mundo, el búlgaro Grigor Dimitrov, este se consternó viendo cómo las derechas y los reveses a dos manos del paraguayo ubicaban la pelota, una y otra vez, en el fleje mismo que divide la cancha, según dónde caiga, entre una buena y una mala bola. Vallejo estaba el jueves pasado tan mentalmente metido en el partido (disputado en el court 2 de la Caja Mágica de Madrid, que lleva el nombre de la mítica tenista española Arantxa Sánchez Vicario), que jugaba confiado y con una gran destreza sobre el límite del terreno y frente a un experimentado jugador. Una destreza típica de maestros, no supuestamente la de un novato como Vallejo.
Esa personalidad y madurez súbitas es la que elogiaron propios y extraños, incluso sus colegas. Hacía casi treinta años que no había triunfos de un paraguayo a este nivel del tenis, es decir, en la élite de un deporte que mueve millones de dólares y es modelo de competencia y de negocios. Es cierto que otro paraguayo, Joshua Duerksen, ha demostrado sobrados y celebrados méritos en la Fórmula 2, en otro deporte multimillonario, pero el lugar en donde Vallejo compitió y sobrevivió un fin de semana entero es la meca misma del tenis, no el competitivo aunque segundo nivel de un deporte. En ese nivel, solo resta disputar los cuatro Grand Slam, y Vallejo estará en París para disputar su primer Roland Garros como profesional, a mediados de mayo. Las crónicas y los comentarios de los especialistas describen una entrada más que digna en esa meca del tenis por parte del nacido en Asunción.
Una irrupción. Sin embargo, a diferencia de Duerksen, hasta esta semana el nombre de Vallejo no le sonaba incluso a muchos paraguayos sorprendidos. El automovilismo, de hecho, es un deporte más popular que el tenis en Paraguay. Antes de la irrupción de quien rondará el 80º lugar del mundo, el tenis paraguayo atravesaba un periodo de relativo letargo, caracterizado por una escasa visibilidad tanto a nivel nacional como internacional, tras la última aparición de Verónica Cepede en femenino y, más anteriormente, Ramón Delgado en masculino, ambos jugadores de Grand Slam.
A diferencia de deportes con arraigo cultural profundo como el fútbol, que acapara gran parte de los recursos mediáticos y la pasión nacional, el tenis se mantiene en un nicho, practicado por un sector más limitado de la población y con poca resonancia mediática, pero con una sostenida influencia social en Asunción y Ciudad del Este sobre todo. Esta situación genera un ciclo de bajo interés, poca inversión en infraestructura de alto nivel y una limitada proyección para los jóvenes talentos que aspiran a competir profesionalmente. La aparición de Vallejo obliga entonces a ver el tenis como otra estrategia más posible de política social pública, pero no suele ser así.
Sin embargo, siempre algo hay en el tenis paraguayo (como suele haberlo en otro deporte minoritario, el golf), por lo que Vallejo también es el resultado de una especie de tradición de ciclos largos que comenzó con Víctor Pecci hace medio siglo, y que nunca se apagó totalmente. Aun así, hasta ahora esa tradición no ha ido más allá del finalista de Roland Garros en 1979, quien llegó a ocupar el 9º lugar del mundo. De hecho, nadie desde entonces formó parte del top 50 del tenis mundial, pero a los 21 años Vallejo no está para nada lejos de romper esta barrera histórica, según concluyen los comentaristas. Y en su primer año en la élite.
El ejemplo de deportistas jóvenes como Duerksen y Vallejo, en sus respectivas disciplinas, tiene una dimensión social de gran importancia: expanden la influencia de sus ejemplos entre los jóvenes, llaman la atención sobre sus respectivas áreas de influencia, con impacto no solo comercial sino también humano en el sentido de la salud pública. En este mismo sentido, la emergencia de Vallejo en estos últimos días en los medios masivos nacionales y del mundo expresa una manera posible de ser joven en Paraguay, que se pone desafíos y los enfrenta, más allá de un futuro profesional en la práctica del deporte.
Paraguayos migrantes. El hecho de que esta emergencia se haya dado en Madrid, rodeado de inmigrantes paraguayos con banderas tricolores, alguno de ellos quizá beneficiado por la regularización extraordinaria de personas extranjeras que ha decretado el gobierno español apenas una semana antes, también resulta significativo. Las banderas paraguayas, así como las argentinas, chilenas, peruanas o brasileñas en las tribunas de la Caja Mágica, simbolizan un poco esta regularización de quinientos mil migrantes en su gran mayoría latinoamericanos, entre ellos miles de paraguayos.
Finalmente, Daniel Vallejo vio frenada ayer su carrera impetuosa de novato en el Master de Madrid, frente a la contundencia experimentada de la raqueta número trece del mundo, la del italiano Flavio Cobolli. Pero ya tiene su nombre instalado en el circuito del más alto nivel. Lo va conociendo más el público, sus propios colegas los primeros. Será un rival incómodo en arcilla, y después habrá que ver su desempeño en las canchas más duras. Su juventud, tozudez e inteligencia, no obstante, prefiguran muchas jornadas históricas y vibrantes para el tenis paraguayo.
La importancia del Gringo
La llegada de Andrés Schneiter al equipo de Dani Vallejo fue un catalizador de un cambio estructural en su juego, dotándolo de esa “maña” y solidez características de la escuela argentina. Schneiter, conocido por ser un “obrero” del circuito que llevó a jugadores como Christian Garín o Mariano Navone al Top 50, trabaja específicamente en la resiliencia táctica del paraguayo. En Madrid, vimos a un Vallejo mucho más maduro, capaz de aguantar intercambios largos y de atacar con inteligencia.
Más allá de la técnica, la importancia del Gringo radica en haberle inyectado a Dani la convicción necesaria para competir en el cuadro principal de los Masters 1000.
CIFRA. 5 títulos a nivel Challenger suma Daniel Vallejo en su carrera profesional, dos de ellos este año.