En una postal nueva en la historia de los mundiales, la cancha del Estadio Azteca fue testigo de un hecho sin precedentes durante la ceremonia de apertura. Por primera vez en la historia del recinto, las selecciones de México y Sudáfrica saltaron al terreno de juego con sus delegaciones completas; un total de 52 futbolistas —26 por cada bando— se alinearon de manera impecable sobre el césped para cantar sus respectivos indios.
La imponente formación rompió con el protocolo tradicional de los once titulares, ante la euforia de los más de 80 mil aficionados presentes, listos para un arranque histórico. El momento cumbre de la tarde llegó con la entonación de los himnos nacionales.
La estrella sudafricana Tyla tomó el centro del escenario para interpretar con profunda emotividad el Nkosi Sikelel’ iAfrika. La respuesta local estuvo a cargo de Alejandro Fernández, “El Potrillo”, quien hizo retumbar el recinto con un grito ensordecedor que erizó la piel de todos los presentes.
Tras el protocolario saludo de mano entre las plantillas y el cuerpo arbitral, entre los que se encuentra el cuarto árbitro paraguayo Juan Gabriel Benítez, el terreno de juego se despejó para dar paso al pitazo inicial, dejando en la memoria colectiva un momento icónico.