La Albirroja palpita su estreno en el Mundial frente a Estados Unidos este viernes, en un cruce que ya tiene antecedentes calientes.
En el último enfrentamiento entre ambas selecciones (un “amistoso” en Filadelfia que terminó con victoria norteamericana por 2-1), el partido se descontroló en el tiempo de descuento cuando el capitán paraguayo, Gustavo Gómez, se trenzó en una fuerte disputa por el balón con el estadounidense Alex Freeman. El cruce desató una batalla campal en la que hubo empujones, un gresca generalizada y hasta un cara a cara entre los entrenadores.
Lejos de quedar en el olvido, en el campamento norteamericano aseguran que aquel cruce con los paraguayos fue la “chispa” que necesitaban para forjar la identidad guerrera de su equipo. Varios futbolistas de la MLS y el propio arquero Matt Freese recordaron el episodio esta semana, afirmando que la agresividad de Paraguay les sirvió como una prueba de fuego para demostrar que están listos para “morir en la cancha por el otro” y que no se van a dejar pisar por nadie.
“Fue una chispa para el grupo y para la afición”, dijo Robinson. “Fue un momento que necesitábamos como grupo para darnos cuenta de que no se nos puede subestimar. Estamos aquí para quedarnos y nos apoyamos mutuamente”, insistió.
El debut de este viernes por el Grupo D, que se jugará en las afueras de Los Ángeles, promete ser de altísima intensidad y con el cuchillo entre los dientes.