09 jun. 2026

Maradona, Romário y Baggio: Las historias que marcaron el Mundial de USA 94

El Mundial de 1994 FIFA World Cup fue el primero de una nueva era de los mundiales. El hecho mismo de que haya sido organizado por un país sin tradición futbolística significó un “experimento” que, al menos en términos económicos, resultó un éxito absoluto: el de Estados Unidos sigue siendo el Mundial con la mayor media de asistencia a los estadios. Aunque los escépticos dudaban de la capacidad del país para albergar la máxima cita del fútbol, la organización estadounidense rompió récords.

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Los estadios de dimensiones colosales, el colorido de las tribunas y una producción televisiva sin precedentes sirvieron de escenario para un torneo que se jugó bajo un sol inclemente, pero que entregó algunas de las historias más dramáticas de la historia de los mundiales.

La logística fue impecable. Desde el Rose Bowl de Pasadena hasta el Giants Stadium de Nueva Jersey, el torneo se convirtió en un producto de consumo global, introduciendo innovaciones como los nombres de los jugadores en las camisetas y los tres puntos por victoria en la fase de grupos para incentivar el juego ofensivo.

Sin embargo, más allá de la parafernalia organizativa, el Mundial de 1994 quedó marcado por tres historias paralelas.

Por un lado, el “corte de piernas” de Diego Maradona, que disputó en Estados Unidos su último Mundial antes de ser suspendido por doping. Por otro, el resurgimiento de Brazil national football team, que dejó de lado el “jogo bonito” para abrazar un fútbol más pragmático de la mano de Carlos Alberto Parreira y terminó levantando la Copa. Finalmente, el antagonista trágico fue Roberto Baggio y la Italia dirigida por Arrigo Sacchi, en un Mundial que lo vio brillar jugando al límite de su físico.

La última imagen de Maradona en una Copa del Mundo

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firo Football, 25.06.1994 World Cup 1994 Argentina - Nigeria 2: 1 Diego Maradona, portrait, after this game he was convicted of doping. Here he will be led to the doping rehearsal after the game. It was his last game for Argentina | usage worldwide

firo Sportphoto/ Jürgen Fromme/Picture-Alliance/AFP

Argentina llegó a territorio norteamericano con la esperanza renovada por el regreso de Maradona. Tras un debut fulgurante contra Grecia, donde el “Diez” anotó un gol antológico y lo celebró gritando frente a las cámaras con una intensidad casi salvaje, el mundo creyó ver el renacimiento de un mito.

Sin embargo, después del segundo partido ante Nigeria, la imagen de una enfermera de blanco llevándose a Maradona de la mano fuera del campo se convirtió en el epitafio de su carrera en los mundiales.

El positivo por efedrina y la posterior suspensión no solo hundieron a la selección argentina, sino que privaron al torneo de su figura más carismática. La frase “me cortaron las piernas” resonó como el final simbólico de una era y marcó un antes y un después en la historia de la competición.

El resurgimiento de Brasil con Romário

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Daniel Espinoza

Brasil, por su parte, aterrizó en Estados Unidos cargando con el peso de 24 años de sequía mundialista. Ya no era el equipo puramente lírico de 1970; la escuadra dirigida por Parreira era un bloque pragmático, sólido en defensa y letal en ataque gracias a la dupla de Romário y Bebeto, que hicieron las delicias del público con sus goles y festejos, incluido el recordado balanceo de un bebé imaginario tras el tanto de Bebeto frente a Holanda.

El “Baixinho” Romário fue, sin dudas, el alma del equipo, moviéndose en el área con una astucia y una técnica únicas dentro de un conjunto donde el orden táctico prevalecía sobre el brillo individual.

Aquel Brasil fue superando obstáculos siempre con márgenes ajustados. Dejó en el camino a los locales, a la citada Holanda —en uno de los mejores partidos de aquel Mundial— y a la sorprendente Suecia de Thomas Brolin, que regresaba a la élite de los cuatro mejores después del Mundial que había organizado en 1958, el primero ganado por Brasil de la mano de Pelé.

Aunque Brasil siempre parte como favorito, en 1994 su consagración requirió un desenlace agónico en la tanda de penales.

Roberto Baggio, el héroe italiano que falló en la final

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En el otro extremo del cuadro, Italia avanzaba a los tumbos. El equipo de Sacchi parecía destinado a una eliminación temprana, pero entonces emergió la figura de Roberto Baggio, el extraordinario futbolista de la Juventus FC.

El “Divino Codino” protagonizó una de las actuaciones individuales más memorables de la historia de los mundiales: rescató a Italia contra Nigeria en octavos de final, decidió el duelo ante España en cuartos y eliminó a Bulgaria en semifinales.

Baggio llegó a la final en el Rose Bowl físicamente disminuido, aunque con la calidad intacta. Sin embargo, el destino le tenía reservada la mayor de las crueldades.

Tras 120 minutos de empate sin goles bajo un calor asfixiante, el Mundial se decidió por primera vez en la historia mediante una tanda de penales. Fue precisamente Baggio, el hombre que había llevado a Italia hasta el último partido, quien envió el balón por encima del travesaño.

Aquella imagen del ídolo cabizbajo, mientras el arquero Cláudio Taffarel celebraba de rodillas, sintetizó las contradicciones de las que está hecho el fútbol.

USA 94 representó la transición definitiva hacia el deporte entendido como un fenómeno global de entretenimiento masivo.

Fue el torneo de la eficiencia estadounidense en lo organizativo, del dolor por la caída de Maradona, de la redención de un Brasil que aprendió a ganar sin necesidad de honrar del todo su propia tradición estética, y del drama de un Baggio que demostró que, en el fútbol, incluso los héroes pueden fallar.

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