18 mar. 2026

Jürgen Klopp, rock and roll

Madrid representa una nueva oportunidad para el alemán Jürgen Klopp, otra vez al asalto del trofeo de la Champions League que se le escapó en dos ocasiones y que afronta ahora con una plantilla asentada, más experimentada y configurada a su antojo.

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Klopp, entrenador alemán del Liverpool inglés.

Foto: EFE

El rendimiento ofrecido por cada uno de sus equipos y su marcada personalidad han convertido a este preparador de Stuttgart, de 51 años, en uno de los entrenadores más carismáticos del fútbol actual.

No le ha hecho falta a Klopp ganar tantos títulos como los que alumbran las carreras de Pep Guardiola, de Zinedine Zidane, de Jose Mourinho o de Diego Pablo Simeone para contar con un sobresaliente reconocimiento profesional y una reputación de altura.

Y es que si de algo puede presumir el técnico alemán es de sacar un rendimiento extraordinario a sus planteles, de imponer un ritmo frenético al juego. Sus equipos son reconocibles. Están enormemente trabajados.

Las dos derrotas encajadas en las otras dos finales de la Liga de Campeones, una con su actual club, el Liverpool, hace un año, y otra con el Borussia Dortmund, contra el Bayern Múnich, en el 2013, además del título de la Liga Europa que, ya con el conjunto inglés, le arrebató el Sevilla en el partido decisivo, en el 2016, no han minado un ápice el prestigio de este preparador, excéntrico de apariencia y agitador desde la banda.

Todo lo contrario. Jurgen Klopp, que en sus orígenes disparó las expectativas del Maguncia, un club menor al que acomodó por primera vez en su historia en la Bundesliga, cuestionó después la hegemonía en Alemania del Bayern. Ahora, en Inglaterra, ha devuelto al Liverpool a la grandeza de antaño. Es aspirante a la Premier, donde este curso ha sido subcampeón, y apunta de lleno al dominio en el fútbol del Viejo Continente.

Fue en Maguncia donde se gestó el Klopp futbolista y el Klopp entrenador. Jugó once temporadas, como defensa y delantero, en el club de esta situada en el suroeste de Alemania, a orillas del Rin. No sobresalió sobre el césped. Pero sí fuera de él.

En los ocho años en los que encabezó su cuerpo técnico hizo historia. Llevó a la entidad máxima categoría del fútbol alemán, donde antes nunca había estado y le llegó a situar en puestos europeos para disputar la Copa de la UEFA.

“El Maguncia tuvo la mayor influencia en toda mi vida. Estuve allí durante 18 años y tuvo un gran impacto en mí. He dicho esto mucho, pero me alegra insistir: Wolfgang Frank (ex entrenador del Maguncia) nos influyó a todos. Fue el hombre que llevó el fútbol a otro nivel para nosotros”.

“Nos dio la posibilidad de convertirnos en un equipo bien organizado que podría ganar contra rivales más fuertes. Fue la mayor influencia. Aprendí allí que las mayores derrotas están ahí para que puedas volver sintiéndote más fuerte”.

Convertido en la sensación de los banquillos recaló en el Borussia Dortmund, entonces en plena depresión. Pronto le devolvió a la zona alta de la clasificación y en su tercera campaña le hizo campeón de la Bundesliga. Un año después ganó el doblete. La temporada siguiente fue cuando jugó la final de la Liga de Campeones. Su primera final europea, que cedió ante el Bayern.

Fueron siete ejercicios en Dortmund a pleno rendimiento. Descansó un año y acabó en Liverpool. En cuatro temporadas, los reds ya han formado parte del cartel de tres finales europeas.

Klopp no sabe lo que es perder una eliminatoria europea con el Liverpool. Todos sus reveses son en finales.... Basilea y Kiev frustraron las aspiraciones de un técnico al que algunos acusan de perdedor. Madrid espera.

El Liverpool irrumpe en el Metropolitano con la lección aprendida después de aquellas experiencias. Fiel al estilo que le ha hecho llegar donde ha llegado, Klopp tiene ante sí otro momento para la gloria.

Reforzado por la exhibición ofrecida ante el gran favorito, el Barcelona de Leo Messi, el equipo de Anfield está en el punto idóneo para salir campeón. Con todas las líneas compensadas y los jugadores básicos a disposición. Un grupo compacto, entregado a la causa.

Y es que el Liverpool, como antes el Borussia Dortmund y previamente el Maguncia juega a toda pastilla. Un ritmo alto, una presión intensa, alta y continua. Y salidas rápidas con el balón. Juego directo, ataque en plena aceleración al amparo de la inspiración y el talento de su tridente: Sadio Mané, Roberto Firmino y Mohamed Salah, que han llegado al tramo final del curso en el momento adecuado.

Klopp tiene un plan y un deseo. Pertrechado detrás de una singular personalidad y con la sonrisa por bandera, da normalidad a cualquiera de las situaciones. Una paradoja dentro del carácter de un tipo “perdedor” sumido en el éxito.

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