05 mar. 2026

La Copa en tiempos del narco

Ni Atlético Nacional ni Olimpia pasan por sus mejores tiempos, pero el partido del jueves será sin dudas una reedición de un viejo clásico de Sudamérica.

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Publicación referente al año 1989 de la Conmebol.

“Estamos en guerra”, concluyó Luis Cubilla luego de mirar a su alrededor, pasmado. Era cerca de la medianoche del 31 de mayo de 1989, en Bogotá. Olimpia acababa de perder la final de la Copa Libertadores, tras dieciocho penales, contra Atlético Nacional de Medellín.

Sus jugadores y cuerpo técnico abandonaron El Campín subidos en tanquetas. Era el clima de un partido de fútbol jugado en la Colombia de Pablo Escobar Gaviria, en la militarización de la altiplanicie capitalina donde siete meses después el Cartel de Medellín realizaría su primer atentado narcoterrorista con un saldo de 63 muertos.

“Estamos en guerra”, repite la frase en Asunción Rafael Bobadilla, casi 32 años después de aquel juego, una semana antes de que Olimpia vuelva a enfrentar a Atlético Nacional por la misma Copa. “¡Salimos del estadio en tanquetas! ¡En tanquetas!”, rememora tan pasmado como ayer quien debutó a los 15 años, en octubre de 1979, tres meses después de que Olimpia ganara su primer trofeo internacional. Una década más tarde, hizo uno de los dos goles franjeados en la final de ida disputada en Asunción.

Luego de haber triunfado 2 a 0, con goles de Rafagol y de Vidal Sanabria, Olimpia viajó a Colombia en un marco de supuestas amenazas del Cartel al equipo, denunciadas formalmente por su presidente Osvaldo Domínguez Dibb. “Olimpia ha venido a jugar al fútbol y es recibido por un clima belicoso. Olimpia viene a la guerra”, corroboró desde Bogotá antes del partido, para el diario Noticias, el recordado periodista Julio del Puerto.

“Eran épocas distintas. En ese tiempo en la Copa Libertadores había una presión demasiado grande, siempre”, reflexiona Bobadilla. “Teníamos que jugar con una presión terrible, era algo inusual incluso para lo que estábamos acostumbrados. Atlético Nacional tenía que salir sí o sí campeón”, concluye sobre el juego perdido en Colombia por 2 a 0, con gol en contra de Fidel Miño y otro del Palomo Albeiro Usuriaga.

Rafa también hace referencia al apriete de los narcos a los jueces denunciado años más tarde por el árbitro principal de aquella noche, el argentino Juan Carlos Loustau. “Nuestro viaje de Cali a Bogotá en un vuelo chárter fue una pesadilla, tuvo problemas el avión” y el equipo llegó tarde a la sede del juego. Además, misteriosamente le habían sacado las cortinas a todas las habitaciones del hotel para que el sol entrara de lleno apenas amaneciera. Cosas de la vieja Copa Libertadores, en suma.

EL GOL EN ASUNCIÓN

La final en Asunción ante 50.000 personas fue, por el contrario, “espectacular”, según recuerda. “Nosotros teníamos un grupo con carácter, un gran equipo. Ellos también, pues eran la base de la selección colombiana” que clasificaría al Mundial de Italia 1990. A los 36 minutos de aquel partido, Bobadilla hizo el primero con un anticipado golpe de cabeza, un toque no muy habitual en él. “Nunca fui de cabecear, pero esa vez tuve la satisfacción de hacerle así un gol a René Higuita, entonces uno de los mejores arqueros del continente”, se enorgullece.

Fue Raúl Vicente Amarilla, llegado a fines de 1988 desde el Barcelona español, quien bajó el balón con otro testarazo al corazón del área de Higuita, luego de un centro con pierna cambiada de Alfredo Mendoza. “Amarilla nos dio una gran mano”, reconoce Bobadilla. “Era un jugador que venía de Europa. Hizo goles importantes y nos ayudó a llegar a la final”, cuenta de quien resultó máximo anotador en aquella Copa, con 10. Rafa hizo 2, el otro ante Cobreloa de Chile.

Después de la final de 1989 en que los arqueros Éver Almeida e Higuita fueron los máximos protagonistas, Olimpia y Atlético Nacional se cruzaron en las siguientes dos semifinales, con clasificaciones en ambas del Decano. Bobadilla, por su parte, se marchó a San Lorenzo de Argentina, donde fue campeón, antes de que Olimpia levantara su segunda Copa en 1990, vengando la derrota del año anterior.

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