El Bayern Múnich saborea ya los cuartos de final. Puede permitirse rotar en la vuelta, experimentar incluso. Cinco goles de rédito obtenidos fuera de casa, que bien pudieron ser más, son una ventaja más que suficiente para saberse clasificado entre los ocho mejores de Europa. Su exhibición en Bérgamo, ciudad de la que salió ovacionado por un público italiano que supo reconocer lo brillante de su juego, bien le brindó esa posibilidad.
Fue una reacción natural de todo el público bergamasco en cuanto encajó el quinto tanto. Un reconocimiento a la evidente superioridad del Bayern y un alivio casi para los propios jugadores ‘nerazzurri’, entregados durante noventa minutos e incapaces de evitar un resultado sonrojante que deja al fútbol italiano sin representación en la próxima ronda.
Las opciones de la ‘Dea’ eran pocas sobre el papel antes del inicio del encuentro. La eliminatoria tenía al combinado bávaro como claro favorito. Así lo reconoció incluso Palladino, entrenador del Atalanta que intentó minimizar el peligro alemán con un planteamiento de emparejamiento al hombre. La idea, robar y contraatacar. No funcionó. El Bayer fue un rodillo que dejó en evidencia su total superioridad individual y colectiva.
Entre todo el talento de los de Kompany, el galo Michael Olise brilló por encima del resto con un despliegue al alcance de unos pocos. Imparable, sencillamente. Dos ocasiones claras en los primeros diez minutos en sus botas advirtieron de los tintes de un duelo sin misterio. Porque en el minuto 12 empezó el festival.
Error de la ‘Dea’ en defensa. Despiste en un saque de esquina. Estaba tomando aire tras esos primeros minutos frenéticos que impuso el Bayern. Y dejó solo al primer palo a Gnabry, que recibió desde el banderín un pase raso. Se giró y encontró en boca de gol Stanisic para iniciar el festín.
Olise fue un clamor por banda derecha. Desborde, velocidad. Bernasconi solo pudo asistir a su alarde. Y su gol no se hizo esperar. En el minuto 22, un latigazo con su zurda desde el perfil diestro puso el segundo. Y apenas 3 minutos después sirvió en bandeja el tercero a Gnabry, goleador tras una contra perfecta, resarcido tras su disparo previo a la escuadra. El partido murió en esos 25 minutos.
El resto quedó para la segunda mitad. Nicolas Jackson se sumó a la fiesta para marcar el cuarto tanto nada más reanudar, en el minuto 52. Contra magistral, tacón excepcional de Luis Díaz en la frontal y zapatazo del senegalés para superar a un Carnesecchi desbordado, que aún así evitó en varias ocasiones que la goleada pudiera alcanzar las dos cifras.
Roto completamente el Atalanta, el Bayern no quitó el freno del acelerador. Olise se inventó la enésima maravilla de su partido. Recorte hacia fuera y balón a la escuadra en el 64. Ahí el estadio comenzó a aplaudir la exhibición alemana, que solo rescató una nota negativa: la de la lesión de Alphonso Davies, que entró en el descanso y tuvo que abandonar entre lágrimas.
No era suficiente la ‘manita’ para los visitantes. Upamecano se estrelló con el palo. Y Musiala cerró defintivamente la goleada bajo palos, embocando el pase de Jackson para certificar el pase a cuartos de final. Ni el gol de Pasalic en el 93 pone en riesgo su clasificación... salvo que la diosa bergamasca no obre un milagro inverosímil en el Allianz Arena.