Varios futbolistas de aquel plantel y dirigentes participaron de la reunión, en una jornada cargada de recuerdos y emociones, que volvió a reunir a los artífices de una conquista que marcó una época en el fútbol paraguayo y sudamericano.
El 10 de octubre de 1990, Olimpia alcanzó nuevamente la cima del continente al superar en la final al Barcelona de Guayaquil. El Decano había encaminado la definición con un triunfo por 2-0 en el partido de ida, disputado en Asunción, con goles de Raúl Vicente Amarilla y Adriano Samaniego.
En la revancha, ante más de 55.000 espectadores, el conjunto franjeado empató 1-1 con el equipo ecuatoriano, con una anotación de Amarilla, y selló así la conquista de su segunda Copa Libertadores. Aquella consagración coronó un año de supremacía internacional para el equipo paraguayo, que volvió a poner a América a sus pies.
La reunión de este sábado permitió revivir aquellos momentos y rendir homenaje a un grupo que dejó su huella en la historia del club. Figuras como Éver Almeida, Remigio Fernández, Jorge Guasch, Gabriel González, Luis Alberto Monzón y tantos otros fueron protagonistas de una campaña inolvidable, que permanece en la memoria de los olimpistas.
Óscar Vicente Scavone, presidente honorario de Olimpia, compartió el encuentro con los campeones y, en diálogo con Fútbol a lo Grande, por Radio Monumental 1080 AM, destacó el compromiso y la calidad humana de aquel plantel.
“Estamos acá recordando la familia que fue Olimpia en el 90. Es un grupo de muchachos excepcionales, increíbles, todos comprometidos con el club”, expresó Scavone, resaltando el espíritu de unidad que caracterizó a aquel equipo.
El dirigente también puso en valor el nivel futbolístico de aquella generación y trazó una comparación con uno de los equipos más admirados de la historia reciente del fútbol mundial.
“En el 90 nos tocó una camada de jugadores excepcionales. Ya no salen más jugadores como ellos. El Olimpia del 90 jugaba como el Barcelona de Guardiola, 20 años antes”, afirmó.
A 36 años de aquella consagración, los campeones volvieron a encontrarse para celebrar mucho más que un título. Fue el reencuentro de una generación que llevó a Olimpia a lo más alto, reafirmando el valor de una conquista que sigue ocupando un lugar especial en la historia del Decano.