Humildad y solidaridad

Lorenzo Villalba Por Lorenzo Villalba

Por segundo año consecutivo, el fútbol paraguayo tendrá a un representante en la final de la Copa Libertadores. Como ocurrió el año pasado con Olimpia, esta vez Nacional saca pecho por nuestro alicaído fútbol en una Asociación Paraguaya de Fútbol (APF) cuya Selección Nacional hoy por hoy es un fantasma y con un torneo local con desorganización constante.

En Montevideo, el Tricolor no fue el mismo de otros partidos; es más, ante Defensor jugó uno de sus peores partidos en la Copa, pero también hay que reconocer que tuvo el mérito de haber sacado la diferencia suficiente jugando en casa (2-0) y aguantar estoicamente la ventaja en el Centenario, lo que le pone cerca de la gloria.

El Albo logró su pasaje a cuartos, a semis y a la final jugando siempre de visitante y eso es valorable. Habla de una gran personalidad, porque en la Copa y de visitante le tiemblan las piernas a cualquiera. Antes eliminó a Vélez y Arsenal, en Buenos Aires, algo que no es fácil, principalmente por los pergaminos de los velezanos.

El equipo se caracteriza por su humildad y eso se nota en cada festejo, en las declaraciones de los jugadores que agradecen a Dios por cada paso, por cada gol. Y futbolísticamente es solidario, donde prevalece el juego en conjunto por sobre las individualidades, pero con figuras claves como el arquero Don, alma máter de esta campaña; una defensa sólida, con pocos errores; un mediocampo que mete y juega; delanteros talentosos y al mismo tiempo sacrificados que no escatiman esfuerzo para colaborar, incluso, en la marcación.

Y tiene un entrenador como Gustavo Morínigo, que a pesar de su juventud, ha demostrado sapiencia y gran visión, en contrataciones, formación del equipo y planteamientos.

Contradictoriamente, el Nacional del martes pasado no es parámetro para medir o calificar al equipo. Defenderse muy atrás, con poca contención, a pesar de la calidad de sus volantes, y con nula mentalidad ofensiva es un sistema que puede salir bien, pero no es el recomendable; y el mismo Morínigo debe ser autocrítico y aprender esta lección para aprovechar esta brillante oportunidad.

El Tricolor ya hizo historia, llegó donde nunca nadie lo hubiera imaginado, pero aún falta la cita más importante, con la que todos los clubes sudamericanos sueñan y en la que puede consagrarse y meterse entre los más grandes del continente.


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