Opiniones

Despierten, muchachos, despierten

El silencio de la desgraciada noche del 10 de octubre de 2017 sigue nublando la esfera de los jugadores albirrojos.

Como en aquella humillante caída ante Venezuela, estos mismos jugadores, salvo Paulo Da Silva –que ya no está–, forman parte del nuevo proceso de cara a la Copa América de este año y Qatar 2022. Sin embargo, el pesado yunque que dejó a la Selección fuera del Mundial Rusia 2018, pareciera haberles enterrado futbolísticamente y con una moral devastada, sin posibilidades de reaccionar. Pero es hora de despertar y sacudirse de tanta indiferencia.

La afición futbolera les ha perdido la paciencia y no le da ni pizca de crédito a este grupo que no encuentra el camino para levantarse del letargo en el que se encuentran jadeantes. Han pasado casi dos años de aquella infausta penumbra que aún les cruje en la mente y no se observan convalecencias.

Dejando de lado, aunque solo por ahora, las funestas decisiones dirigenciales de la Asociación Paraguaya de Fútbol (APF), para contratar entrenadores. Se ha perdido tiempo, y en el deporte de élite un segundo puede significar la gloria o el fracaso, pero ese análisis será expresado en una próxima columna.

El entrenador Eduardo Berizzo tiene la titánica misión de rescatar del naufragio futbolístico a la Selección Nacional, el tiempo le apremia y sus tripulantes están ajados y vapuleados moralmente. El entrenador argentino, en menos de dos meses, debe encontrar un sistema de juego, lo expuesto en los dos amistosos demuestra que a estos jugadores les costará entrar sincronía con los objetivos del 1-4-3-3, además de eso, encontrar a los jugadores adecuados, porque no hay muchos, y lo más importante, devolverle la sangre en la cara para defender a muerte la vapuleada querida Albirroja.

Hay esperanzas y tal vez sí, algunas individualidades interesantes, pero colectivamente no se aprecia cohesión de equipo, pareciera que los objetivos de cada uno van por carriles diferentes. Es como una familia, donde los integrantes resuelven unilateralmente por su cuenta, por ende, no existe la fortaleza de grupo. Se necesitan jugadores más comprometidos, no simples jugadores en la cancha, se precisa de jugadores que mastiquen y escupan la cancha en cada marca, en cada chute, en cada pelota.

Se requieren liderazgos fuertes, jugadores que abofeteen al rival, jugadores que se golpeen el pecho, si no se tiene la plenitud futbolística aunque sea exhiban actitud y vergüenza deportiva. Esta generación de futbolistas no inspira esa empatía con la afición, no se identifican con la hinchada, pareciera que solo viven en la burbuja prebendaria de la transferencia y olvidan algo tan importante como el sentido de pertenencia a la Albirroja, que sí tenían otros jugadores, como Chilavert, Ayala, Gamarra, Struway, Toro Acuña o Roque, Haedo o Cardozo, entre otros, que sacaban garras en cada partido.

Es el momento oportuno para ustedes, muchachos, de mirar los videos de las eliminatorias de Francia 98, donde un grupo de jugadores con sangre en el pecho ganó a Uruguay de visitante; para el 2002 le ganó a Brasil y para el 2006 a la Argentina. Que se inspiren y se contagien para volver a creer. Ese es el camino; despierten, muchachos, nada podrá hacer el entrenador si ustedes no se levantan para liderar este proceso.

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